El Valor Añadido: Pulverizando etiquetas

El hombre moderno se halla en una posición en la que mucho de lo que él piensa y dice no es otra cosa que lo que todo el mundo piensa y dice.
Erich Fromm. El miedo a la libertad. 1941

El Valor Añadido Personal

La percepción del valor añadido de un producto o servicio surge al compararlo con otros de calidad similar. Es un intangible: algo que nos convence y que está más allá de lo que se pueda decir de él con palabras. Es posible que se trate de una conexión emocional que hace que aquello que se valora permanezca más profundamente en la memoria de las personas.

Si hablamos de nuestro propio Valor Añadido Personal, a lo que nos referiremos ya no es al nombre del oficio por el que se nos conoce o a las licenciaturas con que se nos distingue, sino, más bien, al modo en que nuestra competencia se manifiesta. Por tanto, cuando hablamos de Valor Añadido Personal, no nos referimos a nuestras competencias per se sino a un modo particular y único de ejercerlas y enlazarlas con el espíritu de las personas a las que vamos a servir.
El Valor Añadido Personal es lo que uno expresa después de eliminar la alusión al nombre de la profesión que ejerce.

A menudo utilizamos etiquetas como prótesis o defensas. Pensamos que si nos presentamos con la etiqueta de nuestra profesión o especialidad, los demás dispondrán de una orientación clara acerca de nosotros. Sin embargo, este recurso –acaso ya saturado- no dice nada acerca de nuestro Valor Añadido Personal. Recurrir a etiquetas provoca que aspectos interesantes de nuestro talento queden marginados o fuera del marco. Una persona que tuviera más capacidades de las que la etiqueta con la que se presenta contiene, puede sentirse fácilmente desaprovechada.

Vivimos en un mundo sembrado de etiquetas y, sin embargo, éstas actúan más como una limitación que como plataforma para nuestra expresión.
El Valor Añadido Personal surge, pues, al centrifugar toda presentación convencional en base a etiquetas y separar éstas del verdadero mensaje que se quiere transmitir. Es la destilación de lo que hemos cultivado, de tal manera que, al expresarlo, nos conectamos con algo esencial que tanto está en nosotros como en las personas. Éstas, por otro lado, al captar este hecho, serán más receptivas al vínculo que les une a nosotros.

En un mundo en crisis y saturado de etiquetas que ya no funcionan, la detección del propio Valor Añadido Personal es la clave para la generación de oportunidades. Es así como, pulverizando tópicos, nos encontramos con nosotros mismos y con el lugar en el mundo que nos toca ocupar, en el que desarrollaremos lo que hemos venido a hacer.

Recurrir a etiquetas equivale a permanecer invisible y una forma de evitar la responsabilidad que el desarrollo de la propia capacidad demanda.

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