La Reinvención es un Camino

Mariposa_SwarovskiCAMINO DE REINVENCIÓN

Texto de apoyo perteneciente al Taller de Reinvención
por Gabriel Gutiérrez

“A menudo, el tesoro más hermoso está contenido en un cofre que no lo presagia”

Como una piedrita que cae sobre un estanque de aguas calmas y pone sobre aviso a todo el entorno, algo así ocurre cuando modificamos algo de nosotros mismos. La piedra al caer mueve el agua dando lugar a círculos que llegan a las orillas formando olas. El movimiento mueve y dinamiza lo que circunda al lago. Algo así sucede con nosotros. Somos un lago rodeado de fenómenos (la sociedad). En un momento dado, cae una piedrita (una crisis, un hallazgo, una decisión) y lo mueve todo. Las cosas empiezan a cambiar tal como el aire es movido por el aleteo de una mariposa. Una mirada poco atenta sólo detectaría agitación sin sentido, ruido y desorden. Sin embargo, es posible que una piedra cayendo sobre el lago que somos forme parte de un orden mayor, una lógica que nos engloba y que engloba a todas las cosas. La caída de esa piedra sería para el lago lo que la llegada de un cometa extra solar cargado de información microscópica que cayera imperceptiblemente sobre nuestras vidas. Piedritas cayendo y cometas fulgurando: ambos traen o generan una información. Descubrir y dar sentido a ese sutil código es cosa de la agudeza y amplitud de nuestra atención y apertura mental. Saber captar estos pequeños detalles constituye la materia prima para una reinvención en toda regla. Desde lo pequeño podemos influir sobre lo mayor.

Reinventar pasa por descubrir un nuevo sentido a lo que venía siendo habitual en nuestra vida. Los acontecimientos que componen la propia biografía, aún pareciendo objetos incrustados inamovibles, están en ese lago metafórico: cae una piedra y mueve sus aguas. Las consecuencias de este movimiento nos ayudan a descubrir que aquellas incrustaciones que parecían quietas se mueven, cambian su posición y empiezan a dialogar entre ellas y con nosotros de otra manera.

Reinventar la niñez

Parece haber un acuerdo acerca del poder que tiene la niñez en la vida adulta. Las decisiones de peso que tomamos parecen ser resonancia y consecuencia de nuestros anhelos infantiles. Si éstos no fueron satisfechos o reconocidos, nos perseguirán hasta conseguir que los honremos como merecen. Mantenerse ciego ante ello generará por parte de este niño interior una respuesta contundente, incluso aberrante o incomprensible, en función del grado de abandono en el que persistamos. Dicen los pediatras que un niño prefiere ser castigado que ignorado. De alguna manera, por la misma razón, nuestro niño interno, para reivindicarse, preferirá el ruido antes que seguir abandonado. Este ruido emerge de maneras muy diversas: un divorcio, un despido, una molestia persistente, dolor, depresión, enfermedad, mobbing, críticas y reproches de los demás, autocríticas destructivas, etcétera. Nuestra felicidad y bienestar sobrevienen al identificar a este niño y escuchar su voz.
Así, pues, es posible que determinados acontecimientos de nuestra vida antes de los 7 años -momento en el que ya ha sido cartografiado nuestro mapa de deseos y preferencias-, estén dormidos, enmascarados o deformados por atavismos, creencias o emociones que se han mantenido estáticas a lo largo del tiempo.
Como si se tratara de madera virgen, nuestra historia personal es esa misma madera junto a las capas de pintura con que la familia y la sociedad la han ido embadurnando. Decapar la pintura para captar y sentir esa madera virgen es la materia prima para una reinvención en profundidad. Esta reinvención nos lleva al centrifugado de todas las emociones que no sean aquellas en las que se sustentan los contenidos de la cartografía de nuestros deseos e inclinaciones naturales.

Reinventar nuestro origen

Reinventar nuestro origen para restituir, redescubrir y honrar las decisiones primigenias nos lleva a reubicar y redimensionar el papel que nuestros padres tienen en nuestra vida y, también, limpiar y decapar creencias acerca de nuestro lugar en la trama familiar. Una modificación de cierta categoría en este aspecto –como aquella piedra cayendo sobre el lago-, provocará un cambio de percepción de nuestro actual lugar en la sociedad. La familia y el lugar que ocupamos en ella anticipa la base emocional en la que se sustentará nuestro lugar en la sociedad. Una disfunción familiar se traducirá en forma de creencia debilitadora acerca de nuestras posibilidades de éxito en la sociedad. Reconsiderar nuestro origen constructivamente cuestionando creencias (capas de pintura sobre la madera primigenia), puede llevarnos a alisar el camino hacia nuestro bienestar y el de las personas que tenemos más cerca.

Reinventar nuestro lugar en la sociedad

El lugar que ocupamos en la familia guarda semejanza –no necesariamente literal- con el lugar que ocupamos en la sociedad. Redescubrir, modificar o reinventar nuestro vínculo con alguno de estos ámbitos, repercutirá sobre nuestra relación con el otro. Nuestro trabajo y la satisfacción o reconocimiento que estemos obteniendo a través de él, será reflejo de nuestro buen entronque con la familia y con nuestro origen. Por el contrario, un sentimiento de fracaso o falta de reconocimiento en uno de esos ámbitos, acabará reflejándose en el otro. Nuestro trabajo –ya sea el que hemos escogido por vocación o por requerimiento de la sociedad- representa uno de nuestros conectores sociales. Si nuestra ubicación social tiene su matriz en el patrón de relación que mantuvimos con la familia de origen, veremos que de ahí se pueden establecer paralelismos y similitudes. Un estado de guerra o de paz familiar se puede percibir en un estado de paz o de guerra en la valoración que hagamos de nuestro lugar en la sociedad.

Reinventar y descubrir nuestro Valor Añadido personal

Una reinvención profunda -además de detectar patrones emocionales y de creencias que han quedado obsoletos-, pasa por captar, valorar y argumentar lo que cultivamos, aprendemos y aplicamos en nuestra vida personal, afectiva y profesional. Argumentarse a uno mismo poniéndose a prueba en presencia de personas que nos observen neutral y atentamente, puede llevar a una toma de conciencia acerca del producto genuino que ofrecemos –nuestro valor añadido personal-, el cual, al mismo tiempo, puede ser contemplado como polea de transmisión entre esas potencialidades individuales y su respectiva culminación en forma de una mejor ubicación en el entorno. La pregunta aquí gira en torno al por qué dejarse observar y permitir que otras personas argumenten sin censura lo que perciben de nosotros.

Uno es productor de su voz. Sin embargo, esta voz es escuchada de diferente manera por uno mismo y por los demás. Algo así sucede con nuestra actitud y con la gestión de nuestras habilidades. Como sucede con la voz, un observador captará algunos detalles que al propio interesado se le escapan. Incluso capacidades que uno no valora o no detecta en sí mismo, pueden ser percibidas, estimadas y descritas por los demás. Y lo mismo ocurre con las contradicciones y defectos de gestión.
En un ambiente amigable y sincero –procurando neutralidad por parte de los componentes del grupo-, argumentarse ante los demás es una forma de obtener y actualizar el conocimiento que uno tiene de sí mismo. Por otro lado, el ejercicio regular de esta exposición acaba derivando en una mayor soltura personal que puede ser beneficiosa en muchos ámbitos, y no sólo en el profesional. Una buena crítica hecha en crudo pero argumentada con neutralidad, es preferible al comentario elogioso y partidario hecho por cariño.

Argumentarse a uno mismo o argumentarse ante la presencia de los demás es equivalente a hacer marketing (interno y externo). Lo que una empresa –y nosotros lo somos- muestra al mercado es parte de su potencial. La argumentación y la actitud correcta, si el producto ha captado bien la necesidad social con la que encajar, hará que lo que se ofrece llegue fácilmente. Con nosotros sucede igual: somos una empresa cuyos productos son nuestras propias habilidades, dones, talentos, méritos, formación y experiencia. Saber argumentar lo que uno va cultivando y aprendiendo es tan importante como la calidad del producto. El producto es el tangible y la argumentación es el intangible que lo realza y facilita la conexión emocional entre el emisor y el receptor.

Aprendizajes y hallazgos

En la vida personal, los tangibles son los hechos concretos que han ido jalonando nuestra biografía. Si nuestra vida sólo estuviera compuesta por ellos, nuestro pasado sería inamovible, mecánico, sin vida. Los intangibles, en cambio, son las interpretaciones y reelaboraciones que, incluso hoy mismo, podemos hacer de lo que nos ha ido sucediendo a lo largo del tiempo. Nuestra capacidad para aprender de experiencias ya tenidas depende de la habilidad y valor que demos a interrelacionar y cohesionar hechos diversos hasta ver en su conjunto un hilo conductor que les da sentido y dirección. Se podría decir que este hilo es el organizador oculto de todas las experiencias que hemos tenido, tenemos y tendremos a lo largo de la vida. Captarlo equivale a ampliar la cota de soberanía personal perceptible en cambios relativos a actos, capacidades, opiniones, creencias y relaciones.

Nuestra capacidad para aprender es ilimitada. Cada día se producen oportunidades para ampliar nuestras experiencias y dar perspectiva a lo que ya conocíamos. Sin embargo, la conciencia de este hecho se nos puede pasar por alto. Rutinas, atavismos, comodidades, diálogos superficiales o el ruido mismo –interno y externo- dificultan esta conciencia. Unas buenas preguntas a hacerse pueden ser, por ejemplo, estas:

– ¿qué he aprendido hoy?
– ¿qué puedo hacer con lo que he aprendido?
– ¿cuál ha sido el hallazgo de hoy?
– ¿qué modifica, transforma, mejora o facilita este hallazgo en mi?
– ¿qué modifica, transforma, mejora o facilita este hallazgo en mis asuntos (relaciones, conversaciones, acciones)?

Argumentar la capacidad para aprender es un intangible que convierte al tangible en un bien ilimitado y no ceñido a su duración.

Anuncios

Escuela de Reinvención y Cambio

Masriera Papallona
REINVENCIÓN PERSONAL Y PROFESIONAL
Proyecto Plataforma de contenidos de desarrollo personal:

– Escuela del Futuro. El Futuro está dentro de cada persona. La escuela
tiene como objetivo favorecer el camino que lleva a cuidar, procurar y mostrar lo mejor de cada persona con todo su potencial. El Futuro es una imagen, un deseo de realización de la propia vocación, una entrega que nos lleva a mostrar lo mejor y a favorecer en los demás la expresión de lo mejor de ellos mismos.
– Escuela de vida. Desarrollar a conciencia lo mejor de uno mismo es una forma de colaborar con la vida. Esta colaboración conlleva la construcción de lazos profundos con otras personas que han apostado por una mejora en la calidad de vida espiritual, tanto personal como colectiva. La exploración y cultivo consciente de la excelencia es un fenómeno que compromete, se contagia y se expande.
– Cooperativa emocional. Cuando diversas personas se ayudan mutuamente en pro del desarrollo de lo mejor de si mismas, forman una cooperativa emocional sin que a priori se lo hayan propuesto. Un trabajo en grupo hace que las personas se cohesionen de acuerdo al asunto que estén tratando. Cuanta más calidad tenga este asunto, más calidad tendrán las relaciones que en el grupo se establezcan.

Camino de reinvención: ¿Cómo?

– Reinventar la niñez. La niñez es la fase de la vida en la que tomamos las decisiones cuya consecución futura nos aportará la felicidad como adultos En necesario, pues, poner atención a nuestro niño interior. Él sabe lo que necesita para ser feliz. Esta sabiduría es natural y es sumamente resistente ante los códigos y conveniencias del mundo adulto. Reinventarse es redescubrir la propia niñez como fuente sabiduría. A menudo, el niño que fuimos -y somos- se expresa de forma incomprensible para nuestra identidad adulta. La tentación en estos casos es hacerlo callar castigándolo injustamente. Sin embargo, el niño seguirá expresándose de formas cada vez más contundentes. En según qué momentos, cuando el adulto sigue sin hacerle caso, optará por hacerse notar a través de una enfermedad, descontento, stress, angustia, depresión, fibromialgia o, incluso, atrayendo situaciones como mobbing, despidos o cualquier otra situación frustrante que parezca venir desde el exterior. Ante estas situaciones es necesario hacer honor a este niño dándole un lenguaje con el que él pueda comunicarse con nosotros y ayudar a que proclame lo que necesita.
– Reinventar nuestro origen. Nuestro origen y nuestro pasado adquieren una nueva dimensión cuando comprendemos que lo que somos y llegaremos a ser ya era conocido por este niño interior. A menudo sucede que lo que dificulta una visión de nuestro origen infantil es una historia transmitida por los padres. Esta historia, un conjunto de creencias que ellos pronunciaron acerca de nosotros mismos, es adoptada como si se tratara de una verdad. Precisamente por eso, porque es tan sólo una historia que otros nos contaron, puede ser narrada en primera persona por el niño, nuestro niño, protagonista verdadero de nuestra propia historia. Apropiarse de la narración acerca del propio origen es una forma de reinvención que nos llevará a conseguir una mayor soberanía y creatividad.
– Reinventar nuestro lugar en la sociedad. El lugar que ocupamos en la sociedad puede estar muy influenciado por el lugar que ocupamos en nuestra familia. Haciendo uso de nuestra creatividad podemos reinventar y redescubrir ese lugar e intensificar conscientemente su esencia. Es así como llegamos a descubrir un hilo conductor que permanece más allá de etapas finalizadas. A partir de ahí también podremos captar cuál es nuestro verdadero lugar en la sociedad a través de un trabajo con el que aportar lo mejor de nosotros mismos al funcionamiento de la comunidad. En este sentido, más que ser valorados por un trabajo concreto por el que se nos contrata, nuestra realidad es que somos seres de luz. Nuestra vocación proviene de esta luz y es por ella que estamos aquí.
– Reinventar y descubrir nuestro valor añadido personal. El valor añadido personal es la suma de aprendizajes y experiencias que vamos atesorando a lo largo de la vida. A menudo este tesoro suele permanecer inconsciente, invisible o poco valorado por uno mismo, aunque no para la mirada de los demás. Así, pues, la relación con las personas es el medio que hace posible la toma de conciencia de este hecho. Sin embargo, no es objetivo de este Valor Añadido Personal servir al ego de quien lo porta, sino, más bien, provocar en cada uno de nosotros una toma de conciencia acerca de cuál es nuestra auténtica y genuina aportación a la comunidad y cómo el acto de compartir humildemente la propia excelencia provoca que ésta se amplíe y se expanda.

Reinventarse: ¿Por qué?

– Debemos realizar una reinvención interna. Reinventarse no es sólo cambiar externamente sino, incluso, transformar la mirada. Transformar nuestra manera de ver las cosas nos ayuda a percibir valores más profundos en nuestro propio pasado y en nuestro presente. Reinventarse es mirar lo que en realidad somos, aceptando nuestros límites y contemplar nuestras excelencias como si se tratara de ofrendas que uno hace incondicionalmente al mundo.
– Conseguimos reinventar la vida
. En cada familia, en cada grupo generacional, subyace una idea sagrada acerca del significado que tiene la vida. En algún momento, producto de nuestra propia evolución, puede producirse algún choque entre esas creencias y aquellas necesidades que emergen de nuestra identidad personal en forma de anhelos que quisiéramos ver cumplidos. Reinventar la mirada acerca de la vida y de nuestro origen cultural nos hará ver que todo forma parte de un mismo hilo conductor. Nuestro pasado ayuda a nuestro presente; nuestro presente ayuda a nuestro futuro.
– Tenemos que reinventar el propio valor añadido. Una persona que, por ejemplo, ante un potente cambio en su vida, estuviera en la tesitura de tener que empezar desde cero, podría darse cuenta de que lo que ha provocado tal situación no es otra cosa que su propio desarrollo. Así, pues, es el crecimiento de esta semilla interior la que va orientando nuestros pasos incluso en situaciones críticas, las cuales parecen haber sido generadas para poner a prueba nuestros valores. La prueba del algodón de nuestro Valor Añadido está en la capacidad para aplicar nuestros conocimientos en situaciones difíciles. El Valor Añadido Personal es el peso que tiene la propia competencia.

Reinvéntate: ¿Para Qué?

– Para crecer. Crecer es respetar al origen, valorar lo que hemos sido y detectar que en nosotros habita un mismo ser de luz a lo largo del tiempo. Este ser que permanece nos pide cambios continuos; nos pide que percibamos lo temporal y que no nos aferremos a nada con tal de seguir nuestra progresión.
– Para conocerse a sí mismo. Conocerse a uno mismo es permitir que otros nos conozcan, que el mundo perciba de nosotros lo mejor que habita en nosotros. Nos reinventamos para que nuestra vida sea cada vez más diáfana y transparente.
– Para aprender a vivir. En nosotros puede haber un parte conformista que, cuando las cosas van bien, no quiere cambios. Sin embargo, el cambio actúa en todo momento. Todos los días se produce una oportunidad para mejorar, progresar, arriesgar y aprender. Captar este hecho es comprometerse en percibir avances y hallazgos. Aprender a vivir comporta reinventar la mirada hasta entrenarla en el arte de establecer alianzas con el cambio continuo.
– Para reconocer nuestro origen y descubrir nuestro destino. Nuestro origen, lo más esencial de nosotros mismos, es la fuente de la vida. Contemplarlo es captar la energía de amor que guía nuestra vida.

Hallazgos potenciales:

– Nuestro mejor hallazgo está en nosotros mismos, sólo hemos de descubrirnos ante nosotros mismos y potenciarlo. Se podría decir que, más allá de las etiquetas y convenciones con que solemos presentarnos, cuando nos mostramos tal como somos ante los demás es cuando nuestra creatividad natural crece. Reinventarse es transgredir una serie de normas que nos obligaban a ser lo que no éramos
– Direccionalidad en nuestra vida, utilizar nuestra dirección asistida para nuestras emociones (Control emocional). Nuestras emociones pueden estar condicionadas por creencias, muchas de las cuales son heredadas y rara vez han sido cuestionadas. Suposiciones y generalizaciones no contrastadas relativas a nuestras posibilidades y límites pueden dar lugar a que optemos por luchar por metas que no corresponden con nuestra esencia. Desprogramar estas creencias favorecerá tanto a nuestras emociones como a nuestra salud.
Debemos ubicar un mapa en nuestra cabeza, en el que las ciudades son emociones, y éstas, participes constantes del viaje más inexorable de nuestras vidas. La ciudad en la que vivimos es percibida según como nos vemos a nosotros mismos. Si nuestra actitud fomenta la participación y el cambio, podremos captar la ciudad como una fuente de oportunidades para nuestro desarrollo personal.

Reinvención de los 5 elementos